El próximo fenómeno de El Niño: riesgos económicos y desafíos urgentes para el Ecuador
Fuente: NASA, https://svs.gsfc.nasa.gov/30629/#section_credits
El Fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un evento climático que se caracteriza por: un aumento de la temperatura, salinidad y nivel medio del océano Pacífico Ecuatorial; un incremento de las precipitaciones, oleajes, aguajes, caudales, y del nivel del mar en las costas ecuatoriales; y un déficit de precipitaciones en zonas específicas de la Sierra. Pero por otro lado, como lo han documentado los estudios de Peter y Rosemary Grant sobre los pinzones de las Islas Galápagos,[1] El Niño no es una perturbación externa ajena, sino un regulador cíclico integral de la evolución y la diversidad en ecosistemas donde la variabilidad extrema del clima impulsa adaptaciones rápidas y mantiene la presión selectiva que define esas comunidades.
Históricamente, Ecuador ha sido una de las economías más afectadas por este fenómeno. Los daños y pérdidas que ha causado han tenido un fuerte impacto a nivel macroeconómico: disminución de la producción y de las exportaciones, y aumento en el nivel general de precios, entre las principales. Recordemos que el Fenómeno de El Niño afectó especialmente a la región costera del país en los períodos 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Según el estudio realizado por la Corporación Andina de Fomento – CAF,[2] el evento de1997-98 fue uno de los más intensos del siglo XX, estuvo catalogado como extraordinario y persistió por aproximadamente 19 meses, desde febrero de 1997 hasta agosto de 1998, a diferencia del evento anterior, ocurrido en 1982-83, que se prolongó por 11 meses.
De acuerdo con la publicación de la CEPAL: "Efectos macroeconómicos del fenómeno de El Niño de 1997-1998. Su impacto en las economías andinas" (1999), las pérdidas económicas en la región andina ascendieron a USD 7 500 millones, con un impacto en el ingreso, el empleo y el nivel de vida de la población, sobre todo los grupos de menores ingresos. La pérdida total para el Ecuador (el segundo país más afectado) alcanzó USD 2 882 millones, equivalente al 10 % del PIB nominal de 1997.[3] Las pérdidas de los sectores productivos alcanzaron USD 1 516 millones (5.4 % del PIB), de los cuales USD 1 200 millones corresponden al sector agrícola. El sector transporte fue otro de los principales afectados con pérdidas de casi USD 800 millones. El impacto directo, asociado a destrucción de infraestructura, cultivos, vivienda, entre otros, ascendió a USD 783 millones, mientras que los efectos indirectos relacionados con pérdidas de producción y empleo sumaron 2 700 millones. En consecuencia, el estudio de la CEPAL estimó que El Niño provocó una reducción del crecimiento de 1.2 puntos porcentuales (pp.) en 1998.
En el siguiente cuadro, la composición de los daños causados por El Niño 1997-1998 muestra que los sectores productivos resultaron más afectados (53% del daño total) debido a que las inundaciones afectaron la producción agrícola (41%). Los daños en el transporte, en los caminos y puentes, fueron los segundos en relevancia (28%), e incluyen tanto destrucción y daño en la infraestructura, como mayores costos en el transporte de personas y de carga. También fue importante el rubro gastos de prevención y atención de la emergencia (11%).
El Niño de 1998 tuvo sus mayores efectos negativos sobre la producción agropecuaria y la pesca, y originó un encarecimiento importante en el costo de los servicios, sobre todo del transporte. La inflación de esta categoría fue de 41.5 % en 1998, en un contexto donde el incremento del nivel general de precios, en ese año, alcanzaba 36.1 %, en parte por el efecto climático, pero también por otros factores económicos como la política monetaria expansiva aplicada por el BCE. Las pérdidas en el stock de capital también fueron de importancia, al igual que los gastos de la atención de la emergencia y de prevención y mitigación (CEPAL, 1999).
Los efectos se concentraron en los sectores productivos y la infraestructura. Las inundaciones en amplias zonas agrícolas por los desbordamientos de los ríos o por lluvias directas, ocasionaron pérdidas severas de miles de hectáreas de cosechas y plantaciones (arroz, banano, café, cacao, caña de azúcar, soya, etc.) e impidieron la siembra de otras, así como también produjeron la muerte del ganado que no pudo evacuarse oportunamente. Productos agropecuarios que estaban listos para enviarse a los centros de consumo no pudieron transportarse debido al colapso de la infraestructura: carreteras, caminos, corte de puentes, sistemas de riego.
Los incrementos sostenidos de la temperatura tuvieron influencia directa sobre la pesca, la agricultura, la ganadería, y sobre el suministro de electricidad, con afectaciones en las redes de transmisión y distribución de energía eléctrica. La pesca sufrió por alteraciones en los ecosistemas marinos. Así por ejemplo, la modificación en las condiciones del hábitat hizo que las especies típicas de la fauna marina ecuatoriana migraran hacia latitudes más favorables, lo que redujo la captura de especies tanto para consumo humano directo como para la fabricación de harinas y otros productos de exportación.
A estos efectos negativos deben sumarse las inundaciones en los centros urbanos que ocasionaron daños en viviendas y edificaciones médicas y escolares, redes de alcantarillado, vías, y problemas de índole epidemiológica (cólera, leptopirosis, dengue y malaria); así como las pérdidas asociadas al turismo local.[4] Todo esto tuvo un impacto muy fuerte en las condiciones de vida, a lo que debe sumarse la pérdida de ingresos y empleo, y el consecuente incremento de los niveles de pobreza.
El siguiente episodio, ocurrido en 2015-2016, tuvo un impacto moderado en la Costa ecuatoriana. A diferencia del evento anterior, se emitieron alertas tempranas, lo que permitió prepararse anticipadamente y reducir la escala de daños. Hay que considerar, además, que para esta época la población en las áreas de mayor exposición al incremento de lluvias había aumentado, así como también existía una mayor cantidad de instalaciones productivas y activos públicos, como carreteras, puentes, proyectos multipropósitos, en riesgo de perderse por el exceso de lluvias. Aunque este evento se caracterizó por lluvias intensas y anomalías climáticas en la Costa, no alcanzó la magnitud del anterior, su impacto económico fue más localizado y moderado, el BID estimó un impacto de alrededor de 1.5 % del PIB y un incremento de entre 1 y 5 % en el nivel de precios.[5] En el sector agropecuario se estimaron pérdidas de USD 3.5 millones con más de 2 mil productores afectados; el daño de la infraestructura por exceso de precipitaciones impactó en el transporte, comercio y comunicaciones.[6] Además, hubo daños en viviendas y escuelas. Aunque este evento contribuyó a generar presiones económicas en los distintos sectores, en ese año el país enfrentó otros desafíos de mucho mayor impacto, asociados a la súbita caída de los precios del crudo, que impulsaron a tomar medidas emergentes de política pública.
En el año 2023-2024, se produjeron anomalías de temperatura superficial del mar, lo que provocó fuertes lluvias y exceso de humedad, generando pérdidas en el sector agropecuario. En este escenario, el BCE realizó una estimación del efecto que podría tener sobre la tasa de crecimiento económico del Ecuador.[7] Se encontró que un evento “moderado” podría tener un impacto negativo de entre 1.2 y 1.7 puntos porcentuales sobre el PIB en 2023 y 2024, respecto al escenario sin fenómeno.[8] En otros términos, un Niño moderado provocaría una reducción de la tasa de crecimiento económico en 1.2 pp. en 2023 y 1.7 pp.en 2024. En esa misma línea, el MEF[9] realizó una simulación que permitió corroborar el efecto recesivo del fenómeno en la estructura productiva de varios sectores económicos: agrícolas, acuícolas, turismo, servicios; en menor medida en manufacturas y comercio. El menor nivel de producción se traslada a un menor ingreso de los hogares, consumo nacional, recaudación de impuestos, importaciones y exportaciones, así como menor inversión en sectores como la minería. A nivel macroeconómico, se estimó que el PIB podría contraerse en 1 % por debajo del PIB contrafactual durante dos años. Esta magnitud es comparable con la estimada por CEPAL para el año 1998 y por el BCE para el año 2023. A nivel provincial, el MEF estimó que el evento climático afectará a provincias cuya actividad principal es la agricultura, el turismo y la acuicultura; sin embargo, existen también impactos transversales en la mayor parte del territorio nacional.
El fenómeno de El Niño ha generado, además, efectos sobre la inflación. Según la CAF, la inflación se incrementó en 0.8 pp. a consecuencia del fenómeno de 1998, en una economía que registraba presiones inflacionarias del orden del 33 % antes del suceso. De acuerdo con estimaciones del MEF, en 2023, el incremento de 4.5 mm. en las precipitaciones (lluvias) máximas provocaría un incremento inmediato en la inflación anual de 0.40 puntos porcentuales y al año el aumento sería de 1.24 pp. Posteriormente, el efecto deja de ser significativo.[10] Sobre el Índice de Precios al Productor (IPP), el impacto tendría lugar luego de un trimestre de ocurrido el evento y sería del orden de 0.59 % más alto respecto a la línea base. Estos resultados son consistentes tanto con el estudio de la CEPAL (1999) como del CIIFEN (2017) los cuales señalan que el Fenómeno de El Niño también elevó los costos de los productores, por ejemplo, el desplazamiento de los peces hacia aguas más alejadas de las costas y la destrucción de la infraestructura contribuyen a aumentar costos de transporte.
En 2024, el BCE presentó una estimación del impacto potencial del fenómeno de El Niño en el sistema financiero nacional. Se identificaron las zonas con riesgo de afectación y luego, se estimó el impacto del FEN en la cartera de crédito de estas zonas. Los resultados del análisis reportaron potenciales pérdidas entre USD 2.332 millones (Niño moderado) y USD 2.705 millones (Niño severo). Además, se identificó que la mayor afectación a nivel de provincias estaba en Esmeraldas y El Oro.[11]
Como un mecanismo de preparación ante un probable evento El Niño, el 18 de mayo de este año, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos - SNGR declaró el nivel de alerta amarilla para 17 provincias y varios cantones del país, Asimismo, emitió lineamientos para que los GAD elaboren planes de acción preventiva que les permita enfrentar este evento climático.[12] La Secretaría y el Ministerio de Infraestructura y Transporte han estado coordinando acciones con las mesas técnicas interinstitucionales, a fin de priorizar la seguridad de la ciudadanía y la protección de las comunidades vulnerables. El 11 de junio de 2026, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) anunció formalmente el inicio del fenómeno de El Niño en el Pacífico tropical que, se espera se produzca antes de agosto, se intensifique y alcance un grado de moderado o fuerte probablemente entre octubre y diciembre a finales de año. La probabilidad de ocurrencia del evento se ha calculado en alrededor del 80 %. Además, existe un 63 % de probabilidad de que la temperatura supere 2.0 grados centígrados en el Pacífico, lo que implicaría la presencia de un Niño muy fuerte.
A pesar de sus fuertes efectos negativos, El Niño es un fenómeno que de manera recurrente altera los ecosistemas marinos y terrestres del Pacífico ecuatorial, es parte de su dinámica natural y funciona como un filtro de selección natural y regulador de nichos. Por lo que El Niño ayuda a perfilar los ecosistemas determinando las especies que desarrollan resiliencia a la variabilidad extrema. En 1998, el fenómeno provocó una recarga excepcional de acuíferos subterráneos en zonas áridas y un aumento temporal de la biomasa de camarón silvestre en estuarios. En 2015, la sequía severa que amenazaba al Austro fue mitigada por el desplazamiento de la zona de convergencia intertropical; mientras que en 2024, generó un aumento de la productividad de ciertas especies pesqueras de aguas cálidas como el atún. Asimismo, las larvas de varias especies de camarón prosperan con el aumento de nutrientes terrestres y la baja salinidad, migrando masivamente hacia el estuario y las zonas consteras, lo que históricamente genera picos de pesca extractiva.
En conclusión:
Ecuador mantiene una alta exposición a choques externos e internos que afectan su desempeño económico y revelan vulnerabilidades estructurales en su infraestructura, logística y matriz productiva. Entre estos riesgos, el fenómeno de El Niño destaca por su recurrencia, severidad y capacidad de generar impactos significativos en varios sectores estratégicos.
Ante la proximidad de un fenómeno de El Niño que se avizora fuerte y que podría presentar similares características al observado entre 1997 y 1998, se podría esperar una reducción de previsión de crecimiento económico entre 1 y 1.7 puntos porcentuales. Esto implica que la economía ecuatoriana no crecería por encima del 1.5 % en 2026. Debe preocupar en especial el impacto que podría tener en el sector externo de la economía, pues podría incidir en una caída de las exportaciones de los principales productos de exportación (camarón, minerale, banano), al tiempo que presionaría la demanda por importaciones. El sector fiscal también se vería afectado a través del mayor gasto requerido para prevención y emergencia, lo que podría incrementar las necesidades de financiamiento. A nivel de industrias, la agricultura, el camarón y la pesca serían las más golpeadas.
Los episodios anteriores han evidenciado debilidades persistentes en el ordenamiento territorial, drenaje, sistemas de riego e infraestructura crítica, afectando especialmente a los sectores agrícola, transporte y camarón. Estas brechas continúan sin resolverse y se vuelven más relevantes en un contexto de cambio climático y mayor concentración poblacional en zonas de riesgo. En el ámbito energético, un Niño intenso puede reducir la disponibilidad hídrica en la Sierra y afectar la generación eléctrica nacional y regional, incluyendo la oferta proveniente de Colombia. Además, si se corta el suministro de energía, la producción de minerales se podría paralizar o disminuir, con el consecuente efecto negativo en la exportación y la recaudación tributaria. El exceso de lluvia puede inundar las minas y afectar las relaveras (lugares donde se almacenan relaves y desechos químicos), lo cual exige mayor control y monitoreo, lo que implica un aumento de los costos operativos.
Aunque estos eventos no pueden evitarse, sí es posible anticiparlos y mitigar sus efectos mediante inversiones en infraestructura, fondos de contingencia y diversificación productiva y de la oferta exportable.
Dado que Ecuador es una economía dolarizada, los choques exógenos inciden directamente en el sector real, por lo que resulta prioritario profundizar en análisis sectoriales sobre los posibles impactos del próximo evento de El Niño.
Temas prospectivos clave
Mayor exposición estructural
La economía ecuatoriana es hoy más grande y el país está más urbanizado que hace tres décadas. En las zonas de incidencia del Niño existe mayor infraestructura pública y privada, lo que incrementa la exposición y el potencial de daños.
Riesgos emergentes en sectores estratégicos
Industrias como energía eléctrica, minería y camarón, que en el pasado registraron pérdidas limitadas, podrían enfrentar impactos relevantes debido a cambios en las condiciones climáticas y operativas. En el caso concreto de la energía eléctrica, puede existir menor oferta de Colombia porque El Niño intenso provoca sequías en el norte y con ello una reducción de la capacidad de generación eléctrica. Además, si el Niño presiona a las instalaciones se pude complicar el abastecimiento y transporte de energía eléctrica. En el sector de minas habría que evaluar el impacto de las lluvias en las zonas de extracción y el transporte del concentrado que se realiza por carretera desde las minas hacia los puertos para la exportación.
Sistema financiero popular y solidario
Este sector podría experimentar efectos inéditos, dado su mayor nivel de conectividad, profundidad y tensiones acumuladas respecto a episodios anteriores del fenómeno.
Anexos
[1] Grant Peter et. al. (2000), Effects of El Niño events on Darwin’s Finch Productivity, Ecology, Vol. 81, Issue 9. En el caso de las Islas Galápagos, en los años de El Niño y La Niña, los pinzones cambian sus reglas de supervivencia. La abundancia de lluvias durante un evento fuerte hace que proliferen plantas de semillas pequeñas y blandas, por lo que los pinzones de pico pequeño se reproducen exponencialmente. En cambio, en época de sequía, cuando llega La Niña, solo sobreviven plantas de semillas grandes y duras, forzando una selección de pinzones de pico largo y fuerte. Sin estos pulsos cíclicos de estrés extremo y abundancia repentina la presión evolutiva en el Pacífico sería muy distinta.
[2] El Fenómeno El Niño 1997 - 1998. Memoria, Retos y Soluciones. VOLUMEN IV: ECUADOR Corporación Andina de Fomento.
[3] La CEPAL utiliza la cifra de USD 19.760 millones que fue la estimación proporcionada en su momento por el BCE, según se menciona en la publicación de esa entidad. No obstante, de acuerdo a las series históricas publicadas por el Banco Central a partir del cambio de año base a 2007 (Cuentas Nacionales, Retropolación de las Series 1965-2006), en 1997, el PIB nominal en dólares alcanzó USD 28.148 millones. En este informe se utilizan los datos oficiales del BCE.
[4] Según CEPAL (1999), se estimaron pérdidas por USD 70 millones en este sector (ver Cuadro 1 en Anexo). De acuerdo a las estadísticas del BCE, la cuenta Viajes de la balanza de pagos se mantiene prácticamente constante en el nivel de USD 290 millones (1% del PIB de 1998), entre 1997 y 1998.
[5] Martin, L. (2016) ¡Es Niño!: Impacto económico en la Región Andina, https://doi.org/10.18235/0010091
[6] Secretaría de Gestión de Riesgos, SGR (2016), Informe Situación Actual No. 95.
[7] Véase BCE, Programación Macroeconómica Sector Real 2023-2027, en https://contenido.bce.fin.ec/documentos/Administracion/SectorReal_092023.pdf
[8] Es relevante destacar que el modelo incluye interacciones con el fenómeno del Niño y la Niña. Estas interacciones pueden ser útiles para capturar efectos adicionales del clima y eventos climáticos extremos en el comportamiento del PIB. El resultado final en las variables macroeconómicas dependerá de la intensidad del evento climático y la efectividad del Plan para enfrentar el FEN por parte del Gobierno.
[9] MEF, Programación Macroeconómica 2023-2027, septiembre 2023. https://www.finanzas.gob.ec/wp-content/uploads/2026/04/Programacion-Macroeconomica-Sep.2023.pdf
[10] MEF, Programación Macroeconómica 2023-2027, septiembre 2023. https://www.finanzas.gob.ec/wp-content/uploads/2026/04/Programacion-Macroeconomica-Sep.2023.pdf
[11] BCE, Apuntes de Economía No. 75, Estimación de las pérdidas en el crédito del Sistema Financiero Nacional por la eventual presencia del Fenómeno el Niño, abril 2024.
[12] Véase https://www.gestionderiesgos.gob.ec/wp-content/uploads/2026/05/Resolucion-Nro.-SNGR-117-2026-1.pdf
Dirección de Análisis Económico
Grupo Economité Quito-Ecuador.
Daniel Falconí Heredia
Docente Universitario.Experto en Finanzas Públicas y Políticas Públicas.