Agenda de Transformación Económica para consolidar y profundizar la Dolarización
La estructura económica ecuatoriana de los últimos 25 años se ha caracterizado por una baja productividad y una alta vulnerabilidad externa. La limitada escala del mercado interno, la concentración de la oferta exportable en pocos productos primarios (commodities) y la imposibilidad de ajustar la competitividad vía modificaciones del tipo de cambio nominal, son factores que han frenado la innovación, la agregación de valor, el incremento de la productividad y, en definitiva, el desarrollo de la competitividad sistémica. Este conjunto de restricciones ha configurado un entorno económico donde el crecimiento potencial permanece limitado y la resiliencia macroeconómica se ve comprometida.[1]
Desde este punto de partida, hay que considerar que la dolarización actúa como un régimen nominal que ancla las expectativas de los agentes económicos y genera ajustes automáticos en los precios, pero al ser un esquema monetario, no está diseñada para corregir fallas estructurales de la economía, tampoco garantiza per se el mejor desempeño económico ni mayor competitividad. Los impactos de choques exógenos que afectan directamente al sector real —menor crecimiento potencial, baja productividad, desempleo, informalidad— deben gestionarse mediante intervenciones de política focalizadas para sostener el desempeño económico.
La dolarización estabiliza los precios, pero no soluciona los problemas estructurales de la economía. En ausencia de canal cambiario, los ajustes macroeconómicos recaen sobre el sector real. De ahí que sea necesario el diseño y la puesta en práctica de políticas específicas de mediano y largo plazo para enfrentar y atenuar los impactos del ajuste en términos de empleo y crecimiento.
Con la adopción de la dolarización se eliminó la capacidad de emitir moneda y aplicar la política cambiaria tradicional, por lo que las funciones del BCE se enfocaron en preservar la integridad del régimen monetario, administrar liquidez y reservas, y proveer información técnica imparcial. Documentos de esa época, como las Memorias Anuales, destacan que la institución se adaptó reforzando funciones tradicionales y asumiendo un rol más orientado al desarrollo y a la sostenibilidad del modelo monetario. El nuevo rol asumido por el Banco Central del Ecuador - BCE fue el de “tercero confiable”, es decir, una entidad que apoyaba las decisiones de política económica en el marco de la dolarización a través de una hoja de ruta que permitiera sostener y fortalecer el esquema monetario.
Así, la Agenda Económica presentada por el BCE, además de redefinir las funciones de la institución tras la adopción del dólar, estableció como prioridad una estrategia de mediano/largo plazo para sustentar el modelo dolarizado y mejorar las perspectivas de crecimiento. En agosto de 2002, con motivo de los 75 años de la institución, se difundió formalmente la “Agenda Económica del Banco Central del Ecuador”.
i. Crecimiento económico sostenible en el tiempo.
ii. Aumento de los niveles de productividad y competitividad.
iii. Nueva arquitectura financiera.
iv. Inserción del país en la economía mundial.
Fuente: BCE
Para el desarrollo de esta agenda, se elaboraron varios estudios, investigaciones y propuestas de política pública sobre las diversas temáticas; por ejemplo: análisis de experiencias de crecimiento económico para extraer lecciones que puedan aplicarse en Ecuador, estabilidad macroeconómica, sostenibilidad de la deuda pública, fortalecimiento del fondo de liquidez del sistema financiero, red de seguridad financiera, reingeniería de la banca pública, análisis del tipo de cambio real de equilibrio, estudios de competitividad sectorial, creación y publicación del Índice de Competitividad Sectorial en el marco de la inserción del país en la economía global. Además, se presentó el diagnóstico y propuestas para elevar la productividad y la competitividad de la economía, con recomendaciones relacionadas con sistemas de innovación, reforma arancelaria, capacitación, sistemas de calidad, reformas al mercado laboral, entre otros.[2] Todos estos estudios dan cuenta de que la agenda contenía investigaciones técnicas y propuestas concretas de política pública que fueron publicadas en el sitio web institucional, y discutidas en foros y mesas de diálogo.
Sin embargo, dada la coyuntura económica y política de la época, esta Agenda no logró una implementación masiva de sus propuestas de fondo. El contexto político de inicios de los años 2000, con inestabilidad y debilidad institucional, limitó la traducción de los estudios en leyes y reformas de alto impacto. Muchas de las recomendaciones quedaron como diagnósticos técnicos más que políticas a ser implementadas. No obstante, el mayor logro de la Agenda Económica del BCE fue evidenciar que el esquema monetario no implica sólo un cambio de moneda o la adopción de un ancla nominal fuerte, sino que el régimen debe ir acompañado de políticas complementarias de productividad, disciplina fiscal, solidez del sistema financiero e inserción estratégica en el mercado mundial. Adicionalmente, la Agenda Económica generó herramientas técnicas de análisis y seguimiento y elevó el nivel del debate técnico sobre cómo hacer sostenible el esquema monetario y enfrentar ajustes en el sector real.
A pesar de que en los años posteriores la reorientación de las funciones del BCE se ha actualizado con cambios normativos (Código Orgánico Monetario y Financiero, Ley de Defensa de la Dolarización de 2021, etc.), la redefinición post-2000 y la agenda inicial de los cuatro pilares que propuso el BCE constituyen la base de la “agenda interna” que debería rescatarse, actualizarse y fortalecerse.
En esta línea, vale resaltar que, en julio de este año, el gobierno nacional, con el apoyo técnico del BID y a través del entonces Ministerio de Economía y Finanzas, presentó la Agenda de Crecimiento Económico Ecuador 2040 (ACE 2040). El documento tiene como objetivo plasmar una hoja de ruta para transformar la estructura de la economía ecuatoriana a fin de lograr un crecimiento económico sostenido, competitivo y generador de empleo. Para esto, es clave, por un lado, disminuir la dependencia de la economía extractiva (materias primas) y, por otro, posicionar a la inversión privada como el motor principal del crecimiento.
El eslogan escogido, “Transformar y Prosperar”, reconoce que hay desafíos a superar (baja productividad, instituciones débiles, inestabilidad, incertidumbre…) y evoca una transformación de la estructura económica actual mediante cambios estructurales profundos y la implementación de reformas, para convertir al Ecuador en una economía productiva, competitiva, más diversificada y que crezca de manera sostenida en el tiempo. La prosperidad que debería seguir al proceso de transformación del modelo implica más oportunidades, más y mejores empleos para la población, así como mayor inclusión social.
El marco conceptual y premisa base de la ACE 2040 plantea que el modelo de crecimiento sustentado en la expansión del gasto público y la dependencia de rentas petroleras volátiles llegó a su límite, y que la única vía sostenible para crecer y generar empleo es movilizar inversión privada, nacional y extranjera, bajo reglas claras, estables y creíbles. En este marco, el crecimiento va a depender principalmente de la inversión privada, por lo tanto, el Estado pasa a ser un habilidador, es decir, su rol es propiciar las condiciones que permitan destrabar factores que hoy en día la obstaculizan y frenan: mejores instituciones, seguridad jurídica, estabilidad fiscal, entre los principales. (Agenda de Crecimiento Ecuador 2040).[3]
i. Institucionalidad y seguridad jurídica: implementar reglas claras que apunten a reducir la incertidumbre así mejorar el entorno de negocios para el inversionista.
ii. Estabilidad fiscal: consolidar la sostenibilidad de las finanzas públicas.
iii. Competitividad e inversión productiva: atraer la inversión y aumentar la productividad.
iv. Fortalecimiento de la dolarización y profundización financiera: consolidar la solvencia del sistema financiero y la confianza en el modelo monetario.
Fuente: Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo.
En síntesis
1. La dolarización estabiliza, pero por sí sola no garantiza el desarrollo:
Este régimen monetario ancla expectativas y controla la inflación, pero no corrige las fallas estructurales de la economía ecuatoriana. Sin políticas complementarias, cualquier choque exógeno provoca desempleo, informalidad y bajo crecimiento.
2. La Agenda Económica del BCE (2002) definió una hoja de ruta necesaria para propiciar el cambio estructural:
Tras la dolarización, el Banco Central asumió el rol de “tercero confiable” y planteó una agenda con cuatro pilares. Aunque generó diagnósticos y propuestas técnicas, la inestabilidad política impidió su implementación plena.
3. La ACE 2040 (2026) reedita la necesidad de contar con una estrategia de largo plazo:
Se reconoce que el modelo basado en gasto público y rentas petroleras ya no es sostenible. Propone transformar la estructura productiva mediante institucionalidad sólida, estabilidad fiscal e inversión privada, con el objetivo de lograr un crecimiento sostenido y el fortalecimiento de la dolarización. El desafío, hoy por hoy, es implementarla.
[1] Para mayor detalle véase Falconí D. (2026) “Límites Monetarios, Restricción Externa y Reconfiguración de Balances Sectoriales el caso del Ecuador en Dolarización” disponible en https://www.xn--grupoeconomit-nhb.com/colaboraciones/lmites-monetarios-restriccin-externa-y-reconfiguracin-de-balances-sectoriales-el-caso-del-ecuador-en-dolarizacin
[2]https://contenido.bce.fin.ec/documentos/PublicacionesNotas/Catalogo/Memoria/2002/cap04.pdf
[3] Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, Agenda de Crecimiento Ecuador 2040, julio 2026, disponible en https://www.economicoproductivo.gob.ec/wp-content/uploads/2026/07/ACE204015JULIO_compressed.pdf
Dirección de Análisis Económico
Grupo Economité Quito-Ecuador.